Educar en feminismo: criar y acompañar desde la igualdad
- Rebeca Lozano

- hace 17 horas
- 3 Min. de lectura
Cuando hablamos de educar en feminismo no hablamos de ideologías abstractas, hablamos de algo mucho más cotidiano: cómo criamos, cómo enseñamos, cómo nombramos el mundo frente a las niñas y niños.
Para hacer esto debemos revisar lo que damos por hecho y preguntarnos que mensaje transmitimos —a veces sin darnos cuenta— sobre el valor, el poder y las oportunidades; y esto es una practica diaria, no se trata de dar un discurso, más bien ir sembrando pensamiento critico en las cosas que parecen pequeñas pero que al final tiene un gran impacto.
Educar en feminismo no empieza en los libros, empieza en hacernos preguntas, cómo reaccionamos cuando un niño quiere usar color rosa, qué juguetes elegimos para ellos o ellas, cuáles palabras o frases repetimos sin pensar.
Antes de enseñar igualdad, necesitamos revisar nuestras propias creencias. No desde la culpa, sino desde la conciencia.

¿Qué significa educar en feminismo en la vida real?
Significa ayudar a que niñas y niños:
Reconozcan que todas las personas merecen las mismas oportunidades.
Cuestionen estereotipos de género.
Aprendan a relacionarse desde el respeto.
Desarrollen pensamiento crítico frente a lo que ven en cuentos, películas o conversaciones familiares.
Pero también significa que nosotras como personas adultas hagamos nuestro propio trabajo interno, porque no podemos acompañar procesos de igualdad si no revisamos primero nuestras creencias.
Desde muy temprano, el entorno empieza a marcar diferencias:
“Las niñas son más tranquilas.”
“Los niños no lloran.”
“Eso no es de señoritas.”
“Compórtate como hombre.”
Muchas de estas frases parecen inofensivas, pero construyen límites invisibles. Al educar en feminismo se aprender a detectarlos y transformarlos.
Se puede comenzar buscando ofrecer juguetes sin etiquetas, validar emociones en todos los géneros, repartir tareas del hogar con corresponsabilidad o mostrar referentes diversos en cuentos y conversaciones.
Estos pequeños gestos, crean grandes impactos en la vida futura de nuestros peques y en nuestra sociedad.

Feminismo como herramienta pedagógica
Diversas autoras han reflexionado sobre cómo llevar el feminismo al aula y a la crianza. La autora Iria Marañón, en Educar en el feminismo, propone algo esencial: el feminismo es una forma de enseñar en la que se cuestionan las estructuras de poder y se promueve la igualdad desde la práctica diaria.
Por ejemplo en el salón de clases:
¿A quién damos más la palabra?
¿Qué historias/cuentos contamos?
¿Qué modelos de éxito mostramos?
¿Cómo reaccionamos ante conductas distintas según el género?
Si la mayoría de los cuentos que tengo al alcance de mis peques son de héroes que salvan y villanas malvadas, en donde el constructor, doctor, astronauta y científico son de genero masculino o en donde al final del cuento la damisela es salvada y es feliz porque se casa con su salvador; si notas esto, es más que necesario empezar a cuestionarnos y promover otro tipo de referentes, porque recuerda educar también es modelar.
Como en el libro de Chimamanda Ngozi, Todos deberíamos ser feministas, explica cómo desde la infancia se envían mensajes distintos a niñas y niños sobre ambición, liderazgo, emociones o vulnerabilidad, y al abrir estas conversaciones en casa o en el aula se permite que las nuevas generaciones no carguen con las mismas limitaciones que heredamos. Enseñar a los niños y niñas a cuestionar, por ejemplo: ¿por qué la protagonista del cuento necesita ser salvada?, ¿las niñas también podemos salvar a otros? ¿Cómo sería la historia si en lugar de héroe fuera heroína?

¿Cuál es el verdadero reto?
Educar de esta manera puede generar incomodidad. A veces implica cuestionar tradiciones familiares o creencias muy arraigadas.
Pero hay que entender que la educación feminista no busca dividir más bien es una oportunidad maravillosa de abrir conversaciones para formar personas más libres, construir relaciones más sanas, reducir violencias normalizadas y de ampliar posibilidades para todas y todos.
Educar en feminismo es un acto de coherencia. Es alinear lo que deseamos para el mundo con lo que enseñamos cada día.
No se trata de hacerlo perfecto, se trata de hacerlo consciente y darnos cuenta que cada conversación importa, cada ejemplo cuenta y cada que nos auto cuestionamos damos un paso más allá.
Así sembramos igualdad desde la infancia, y estamos construyendo un futuro más justo para todas las personas.
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Lee más sobre:
Referencias:
Marañón, I. (2018). Educar en feminismo. Plataforma Editorial.
Adichie, C. N. (2015). Todos deberíamos ser feministas. Literatura Random House.
Vivas, E. (2019). Mamá desobediente. Capitán Swing.





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